¡El condón, hermano, el condón!


— ¿La has dejado preñada?
Claudia mira a su hermano con los ojos casi fuera de las órbitas. Le lanza un cojín cuando este tarda en contestar. Javi lo esquiva agachándose y lanzando un quejido.
— ¿Es que no sabes lo que es una puta gomita? ¡El condón, hermano, el condón! —Da vueltas por el salón. La televisión está encendida. No tarda en apagarla de malas maneras. No sabe qué pensar, tampoco qué hacer. Solo se mueve. Javi la observa con miedo. Si sigue así, va a dejar cerco en el parqué.
— Lo usé.
Su hermana suelta una carcajada nerviosa. Le sudan las sienes. Quiere pegarle una bofetada por irresponsable. Vuelve a reírse. Le parece surrealista que ella, la que en su momento fue la adolescente rebelde, tenga que dar lecciones a su hermano mayor.
— Vale, ¿qué fue? ¿Una paloma, un rayo de luz, el puto señor Jesucristo se presentó en pleno polvo? —exclama. Nota las mejillas ardiendo. Javi está abatido. Se deja caer en el sofá.
— No sé qué pudo pasar.
— Yo sí. Ibais tan borrachos que pensasteis: por una noche, no pasará nada. ¡Pues sí que pasa, Javi! Pasa que has dejado preñada a la novia de tu mejor amigo y ahora tienes que acarrear con las consecuencias.
Claudia tiene esa costumbre de no cortarse un pelo. No tiene filtros. Ella lo suelta todo. Ya habrá tiempo de arrepentirse más tarde pero, en caliente, Claudia puede llegar a despotricar hasta los peores trapos sucios. Javi entierra la cara en sus manos. Quiere llorar pero los nervios no le dejan. La ha cagado. Va a perder a su mejor amigo. A Hugo. Al que conoce desde que tiene uso de razón. Han compartido guardería, colegio e instituto. Juergas, borracheras y conciertos. Lo único que no compartían ahora les va a costar la amistad.
— Clau... —suspira. Entiende lo delicada que es la situación, pero lo último que quiere en este momento es una bronca. Necesita el apoyo de su hermana y algún consejo. No se ve capaz de salir de esta por sí solo.
Se sienta a su lado. La melena rubia le cae hasta rozar los cojines a su espalda. Javi no la mira. No se atreve. Ella le pone una mano en la rodilla. Reconoce que ha sido dura, pero no se arrepiente de ello. Es lo que se merece por ser así. Siempre ha sido alocada y rebelde. Poco le importaba la reputación que se ganaba o lo que dijeran los demás. Sin embargo, había una cosa que la tenía bien clara desde el principio: siempre con protección. Sin excusas, sin peros. Si no hay condón, no hay polvo.
— Javi, mírame. —le dice con un tono más suave. Está intentando con todas sus fuerzas no dejarse llevar por sus impulsos. Su hermano no la obedece. —. Javier.
Javi ladea la cabeza. Se topa con los despampanantes ojos verdes de su hermana. Se le escapa una sonrisa. ¿Cómo puede haber crecido tan rápido?
— ¿Por qué sonríes? —dice.
— ¿Cómo he dejado que esto pase?
— Por no ponerte el condón.
Se ríe. No puede hacer otra cosa. Reír. Porque no le salen las lágrimas.
— ¿Qué voy a hacer ahora? —susurra.
Claudia le rodea el cuello con el brazo y lo atrae hacia sí. Javi se acurruca bajo ella como un niño pequeño. Nota como un nudo se forma en su garganta. Parece que sí van a salirle las lágrimas. Empieza a llorar en silencio. Llora por haber sido tan irresponsable. Por haber cedido a sus instintos y haberse dejado llevar. Por haberle fallado a su mejor amigo. Por pensar que él no le haría tal cosa. Porque se odia.
— Escúchame. Habla con Rebeca. Y juntos planeáis cómo decírselo a Hugo. —Javi niega con la cabeza.
— No, no, no. No puedo decírselo. Me matará. Lo perderé para siempre ¡Joder, he dejado a su novia embarazada! —Se ha levantado de un salto.
— Atente a las consecuencias. Eso te pasa por pensar con el pene en vez de con la cabeza. —Vuelve a calentarse. 
Javi repite los movimientos de su hermana. Da vueltas por el salón. Alguien llama al timbre. Se le sube el corazón a la garganta. Reza para que no sea ella. No quiere verla. Claudia se levanta y abre. No puede contener la risa cuando ve delante de ella a un Hugo muy cabreado. Se aparta, partiéndose. 
— Esto se va a poner feo. 
¿Debería haberlo parado? Tal vez sí. Podría haber detenido el puñetazo limpio directo al ojo de su hermano. 
¿Se lo merecía? Por supuesto. 
— ¡Eres un cabrón! —le chilla. Claudia está detrás, expectante. Ve como su hermano se levanta del suelo, con la mano en el rostro. Solo le faltan las palomitas. 
— Lo siento, bro. Yo... 
Le propina otro puñetazo que hace que dos gotas de sangre broten de su nariz. Alcanzan el sofá. 
— ¡Oye! Relajaos, que las manchas de sangre no se van así como así. —se interpone Claudia. Javi le dirige una mirada de odio. 
— Ni se te ocurra llamarme bro, tú ya no eres mi hermano. 
Claudia se ha sentado en el sofá. Tiene asiento en primera fila. Javi de vez en cuando la mira confundido, como pidiéndole ayuda. Pero sabe que no va a dársela, no hasta que Hugo lo deje inconsciente en el suelo. Ya le ha dado un par de puñetazos más. Se le ve muy enfadado. Le rechinan los dientes de la rabia. Tiene el rostro rojo. Si fuera un dibujo animado, estaría echando humo por las orejas. 
— Rebeca me lo ha contado. ¿Cómo has podido hacerme esto? Eres un mierda. 
Habla con desprecio. Javi va a decir algo en su defensa, pero su hermana se adelanta. Hay algo que le urge decir, le abrasa la lengua. 
— Hugo, escucha, cariño. Mi hermano es tan culpable como tu novia de lo que te han hecho. No hables como si Javi hubiera decidido dejar preñada a tu novia con un solo click de ordenador. Tuvieron sexo, ambos, y pasó. Si tienes algo que decirle, mejor que sea en familia. 
Lo último ha sido para joder. Le parece oportuno. Incluso le hace gracia. Hugo y Javi se miran. El segundo tiene las manos cerca del rostro, por si tiene que detener otro puñetazo. 
— No tengo nada que hablar con este cabrón. Feliz paternidad. 
Escupe las palabras y se marcha dando un portazo. Claudia rompe a carcajadas, su hermano contiene el instinto de matarla. Casi que la prefiere gritándole.
— Bueno, ¿y cómo va a llamarse mi sobrinito? 











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